Y Enrique VIII dio en cavilar, acaso porque lo estaba deseando, que su matrimonio con Catalina iba contra las leyes divinas, conforme al mandato bíblico: “no te casarás con la viuda de tu hermano”. El Papa se mostró indeciso, y no se atrevió a conceder el divorcio debido al control político y militar que por entonces Carlos V ejercía sobre Roma; designó al cardenal Campeggio para que junto con el obispo Wolsey investigara la cuestión. Hija de Fernando II de Aragón y de Isabel I de Castilla. Y Catalina, recordando que era hija de los Reyes Católicos, se negó valientemente, preparándose a una dura y larga batalla, no sólo doméstica, sino también política y hasta religiosa. Se sucedieron dos años de continuos festejos, culminados por el nacimiento de un príncipe heredero, Enrique, el 1 de enero de 1511. Hija de Fernando II de Aragón y de Isabel I de Castilla, Catalina de Aragón contrajo matrimonio en 1501 con Arturo, primogénito de Enrique VII de Inglaterra, como parte de la política de alianzas diseñada por sus padres para aislar diplomáticamente a Francia. ¿Desea reproducir alguna biografía en su web. Recuperado de Sin duda, la misma edad, esos seis años que Catalina llevaba a Enrique y que, entrando en los cuarenta, se acusaban más. Eran los tiempos de máxima privanza de Catalina, reina de Inglaterra y consejera mayor de su esposo Enrique VIII. Infanta de Castilla y Aragón y reina de Inglaterra. En 1501 se casó con Arturo, primogénito de Enrique VII de Inglaterra, como una alianza diseñada por sus padres para aislar diplomáticamente a Francia. @media(max-width: 359px) { .inferior_movil { width: 300px; height: 250px; margin: 0px auto;} } Esperaba contar también con el apoyo de grandes figuras de la Iglesia y de la cultura, defensores de los valores morales, que tan despóticamente atacaba Enrique VIII; tales, el obispo Fisher o el humanista Tomás Moro, a quien el Rey trató de ganar haciéndole canciller de la Corona. Allí se negoció por primera vez una alianza más estrecha entre las dos Coronas, apuntando al enlace futuro entre Carlos V y la hija de los Reyes, María Tudor, si bien la corta edad de la princesa inglesa, con sus cuatro años, obligaba a esperar. Muerta también Isabel (1504) y habiendo enviudado su hija Juana en 1506 de Felipe el Hermoso, Enrique VII negoció a toda furia su boda con la más hermosa, pero inquietante hija de los Reyes Católicos, en esta ocasión con el beneplácito de Fernando (“que me place”, se le oyó decir); pero encontrando la negativa rotunda de la interesada, la que había enloquecido de amor por Felipe el Hermoso. @media(min-width: 360px) { .inferior_movil { width: 336px; height: 280px; margin: 0px auto;} } window.onload=function comocitar() {citapers();citaurl();} Clemente VII hubiera querido contentar al poderoso monarca inglés, pero medida tan arbitraria era demasiado fuerte, aparte de que Catalina encontró un poderoso aliado en su sobrino Carlos V. El Rey trató de presionar sobre su esposa para que le facilitara su deseo, exigiéndole que se conformase con el título de princesa viuda de Gales: pero eso hubiera supuesto que Catalina diera por bueno su matrimonio con el príncipe Arturo, y que quedara en entredicho la situación de su hija María Tudor, como fruto entonces de unas relaciones prohibidas, y descolgada de sus derechos de sucesión al trono. Era un Emperador, que, hábilmente, supo presentarse como el obediente sobrino que respetaba a sus mayores. De todas formas, durante unos años, Catalina se constituyó en el principal consejero de Enrique VIII, y no sólo para las cuestiones de política interior, hasta el punto de que se pudo decir de ella que era la mejor embajadora de España, en los últimos años del reinado de Fernando el Católico. La desobediencia de Enrique VIII hacia el papado desencadenó así la constitución de una iglesia nacional anglicana, aprobada por el parlamento, que hizo pública su renuncia a aceptar al papa como cabeza de la nueva Iglesia, papel que desde entonces debería desempeñar el rey de Inglaterra. Es cierto que todavía era un muchacho (había nacido en 1491), pero cabía esperar unos años; de ese modo, mientras Catalina se hallase en Londres, vendría a ser como una garantía de que la alianza inglesa se mantendría. Parecía un feliz augurio, la mejor manera de empezar el nuevo año; por desgracia el príncipe niño murió antes de los dos meses, conforme a la terrible mortandad infantil de la época. Catalina nació en Alcalá de Henares en el año 1485 y murió en Kimbolton, Inglaterra en el año 1536. Y ésa sería la misma situación en 1520 cuando la elección imperial de Carlos V presagiaba una fuerte hostilidad del rey Francisco I de Francia. Inglaterra quedaba descolgada de Roma. El propio Enrique VIII, cuando Carlos V desembarcó en Dover, lo llevó a Cantorbery, donde estaba Catalina, teniendo los tres entonces una íntima entrevista a la que ni siquiera fue invitado el poderoso cardenal Wolsey, pese a su cargo de Canciller del reino.
2020 catalina de aragón