Nemo, en su libro Job ou l’excés du mal (Parí­s 1978, 111), ha dado esta feliz definición del libro de Job: “Job todo entero es el nombre de Dios”. En tales casos, los rectos (8) están siendo castigados por su transgresión y mandados a volverse de su iniquidad (10). La plebe no pudo comprender su curación, la duplicación de su fortuna, y el don de los diez hijos adicionales. Finalmente, después de una acongojada apelación de Job a Dios (cc. Se puede decir con J. Lévéque que Jb vive su prueba †œcomo una pregunta sobre Dios y que sólo a Dios quiere plantearla†. Sí­, y es precisamente por esa razón que él se burla de su desprecio ahora. Los escasos datos que se conocen de J. son de su mismo libro donde se dice que era del paí­s de Us, tal vez, al sur de Edom, mencionado en Gn 36, 28; Lm 4, 21; además de dos alusiones, una en Ez 14, 14, nombrado al lado de Noé y Daniel; otra en St 9, 11, donde se le pone como ejemplo de paciencia. Hay seis expositores: Yahveh, Eliú, Job, y los tres amigos de Job, Elifaz, Baldad, y Sofar. Es terrible, por el contrario, la experiencia de la hostilidad implacable de Dios, representado como un general sádico: “Viví­a yo tranquilo y él me sacudió, me agarró de la nuca para despedazarme, me ha hecho blanco suyo. No le dirigen para nada la palabra, sino que empiezan a tratarlo como si ya estuviera muerto. De Babilonia procede a su vez Ludlulbelnemeqií‡Quiero celebrar al señor de la sabidurí­a†), pequeño poema del año 1500 a.C, en cuyo centro están no tanto las desgracias del protagonista cuanto los incomprensibles proyectos de los dioses. Quizá el discurso de Bildad fuera originalmente 25:2–6 más 26:5–15. nada mas «ACTUAR CON BONDAD Y CON JUSTICIA». Son famosas las palabras de Jerónimo: †œExplicar a Jb es como intentar tener en las manos una anguila o una pequeña morena: cuanto más se la aprieta, más velozmente se escapa de la mano†. El acento nace de lo más profundo de los siglos, y es el primero y último quejido del alma, de todas las almas”. Roth (1930), y a Jb aluden con frecuencia los personajes de otro escritor judí­o yiddish, el Nobel 1978,1. Y esa demanda, ahora que ha sido presentada, no puede ser retractada. 24–27 El cauce al aluvión del depósito celestial (25) trae a la mente las †œventanas† de los cielos que se abrieron en ocasión del diluvio (Gén. Confer (lat. No cabe duda de que en 27:2–12 tenemos la auténtica voz de Job, pero quizá el resto de los caps. No propone un juicio en el cual acusarí­a a Dios de injusticia al negarse a vindicarlo; más bien, invita a Dios a acusarle, para poder oí­r qué es lo que Dios tiene en su contra (13:23). Efectivamente, el hombre es nit`ab y ne’elah (15,16): estos dos adjetivos evocan dos sí­mbolos más bien realistas, de los que el primero alude a la reacción instintiva psicofí­sica frente a algo repugnante y desagradable, mientras que el segundo significa “ácido”, alterado, señalando, por tanto, una corrupción o deformación añadida (véanse los argumentos a fortiori sobre la corrupción del hombre en 4,17-19 y 15,14-16 ó 25,4-6). El discurso concluye con una nota comparativamente alegre (20–23), y su mensaje a Job es: †œSi eres inocente no morirás.† 18:7–15; Nah. Pero de todas maneras, es una tendencia humana muy natural, cuando uno sufre, preguntarse: †œ¿Qué hice para merecer esto?† El li bro de Job admite que el sufrimiento puede alguna vez ser bien merecido, pero su respuesta principal a esta pregunta es que dice que quizá no necesita uno echarse la culpa; el sufrimiento no siempre es lo que debiera pasarle a uno. El personaje principal en el libro de Job (ver JOB, LIBRO DE; ver también Eze 14:14, Eze 14:20; Jam 5:11). Dado que Dios está tan por encima de la humanidad, Elihú debe buscar muy lejos su conocimiento (3). La ilusión de una amistad meramente exterior y consolatoria está representada en 6,l5ss a través de un boceto esencial de la vida del desierto: †˜Mis hermanos me han defraudado como un wadi seco, se han alejado de la vista como los torrentes de su lecho: en el momento del deshielo son turbulentos, cuando se derrite la nieve, pero con los primeros calores se evaporan sus aguas y en el ardor del estí­o desaparecen de su cauce. Yahveh perdona a los tres ante los ruegos de Yahveh, a quien le restituye el doble de sus anteriores propiedades. Elifaz no rechaza a Job como persona, pero no puede aceptar que Job no sea un hombre con el cual es posible razonar. : L, Alonso Schokel – J. L, Sicre, Job. Era †œel más grande de todos los orientales† y poseí­a abundantes riquezas. Esto indicarí­a que Job vivió en Uz más o menos durante el tiempo en que sus primos lejanos, las doce tribus de Israel, se hallaban en esclavitud en la tierra de Egipto.
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