La visión de los bizantinos como hombres sutiles y frívolos sobrevive en la expresión «discusión bizantina», en referencia a cualquier disputa apasionada sobre una cuestión intrascendente, seguramente basada en las interminables controversias teológicas sostenidas por los intelectuales bizantinos.[4]​. En el Mediterráneo, la superioridad naval veneciana dejaba muy pocas opciones a Constantinopla. No fue un simple debate teológico entre iconoclastas e iconódulos, sino un enfrentamiento interno desatado por el patriarcado de Constantinopla, apoyado por el emperador León III, que pretendía acabar con la concentración de poder e influencia política y religiosa de los poderosos monasterios y sus apoyos territoriales (puede imaginarse su importancia viendo cómo ha sobrevivido hasta la actualidad el Monte Athos, fundado más de un siglo después, en 963). Tras el período de esplendor que supuso el Renacimiento Macedónico, en la segunda mitad del siglo XI comenzó un período de crisis, marcado por su debilidad ante la aparición de dos poderosos nuevos enemigos: los turcos selyúcidas y los reinos cristianos de Europa occidental; y por la creciente feudalización del Imperio, acentuada al verse forzados los emperadores Comneno a realizar cesiones territoriales (denominadas pronoia) a la aristocracia y a miembros de su propia familia.[7]​. El territorio, una vez pacificado, fue gobernado por un funcionario denominado magister militum. Posee unos géneros característicos, como los bestiarios, volucrarios, lapidarios y las novelas bizantinas (Estacio Macrembolita: Los amores de Isinia e Ismino; Teodoro Pródromo, Los amores de Rodante y Dosicles; Nicetas Eugeniano, Las aventuras de Drusilla y Caricles y Constantino Manasés, Aventuras de Aristandro y Calitea). Además, los territorios que comprendía y sus características. El latín, sin embargo, continuó apareciendo en inscripciones y en monedas hasta el siglo XI. Con la inesperada derrota en la batalla de Manzikert (1071) del emperador Romano IV a manos de Alp Arslan, sultán de los turcos selyúcidas, culminando así la hegemonía bizantina en Asia Menor. El primero, controlado por la dinastía Paleólogo, reconquistó Constantinopla en 1261 y derrotó al Epiro, revitalizando el Imperio, pero prestando demasiada atención a Europa cuando la creciente penetración de los turcos en Asia Menor constituía el principal problema. Son muy pocos los datos que pueden permitirnos calcular la población del Imperio bizantino. Continuación del Ejército romano, en los siglos III y IV fue sustancialmente reformado, desarrollando sobre todo la caballería pesada (catafracta), de origen persa. La armada bizantina tuvo un papel preponderante en la hegemonía del Imperio, gracias a sus ágiles embarcaciones, llamadas dromones (dromos) y al uso de armas secretas como el «fuego griego». Las pujas constantes terminaron debilitando a todos los reinos en cuestión, acudiendo a Roma como mediador entre sendas partes, fueron ocupadas paulatinamente y luego invadidas, entre los siglos I y II a. C. Lo que a Alejandro Magno le llevó doce años, Roma lo hizo en 150 años: pasaron a ser todas provincias romanas (a excepción de Persia y Media oriental). El Imperio Bizantino dejó de existir en el siglo XV, principalmente bajo asedio de las tropas turcas de Osmán I. La presencia bizantina en Hispania se prolongó hasta el año 620. El sucesor no era necesariamente hijo del emperador. En todo caso, el término Imperio bizantino fue creado por la erudición ilustrada de los siglos XVII y XVIII y nunca fue utilizado por los habitantes de este imperio, que prefirieron denominarlo siempre Imperio romano (en griego: Βασιλεία Ῥωμαίων, Basileia Rhōmaiōn; en latín: Imperium Romanum) o Romania (Ῥωμανία) durante toda su existencia. El emperador y el patriarca tenían una relación de mutua interdependencia: si bien el emperador designaba al Patriarca, era este el que sancionaba su acceso al poder mediante la ceremonia de coronación. Esta emperatriz consideró una alianza matrimonial con Carlomagno que hubiera unido ambas mitades de la cristiandad, pero que fue desestimada. Para asegurar el control del Imperio romano y hacer más eficiente su administración, el emperador Diocleciano, a finales del siglo III, instituyó el régimen de gobierno conocido como tetrarquía, consistente en la división del Imperio en dos partes, gobernadas por dos emperadores augustos, cada uno de los cuales llevaba asociado un «vice-emperador» y futuro heredero césar. En tanto que es la continuación de la parte oriental del Imperio romano, su transformación en una entidad cultural diferente de Occidente puede verse como un proceso que se inició cuando el emperador Constantino I el Grande trasladó la capital a la antigua Bizancio (que entonces rebautizó como Nueva Roma, y más tarde se denominaría Constantinopla); continuó con la escisión definitiva del Imperio romano en dos partes tras la muerte de Teodosio I, en 395, y la posterior caída en 476 del Imperio romano de Occidente; y alcanzó su culminación durante el siglo VII, bajo el emperador Heraclio I, con cuyas reformas (sobre todo, la reorganización del ejército y la adopción del griego como lengua oficial), el Imperio adquirió un carácter marcadamente diferente al del viejo Imperio romano. Bizancio fue la única potencia estable en la Edad Media. Posteriormente, la muerte de Teodosio I en 395 dividió de nuevo el Imperio, cuando sus dos hijos heredaron cada uno una mitad: Flavio Honorio la mitad occidental, con capital en Roma; y Arcadio la mitad oriental, con capital en Bizancio. La historia del Imperio bizantino tras la reconquista de la capital por Miguel VIII Paleólogo es la de una prolongada decadencia. El Imperio Bizantino, también conocido como el Imperio Romano de Oriente, fue una división del Imperio Romano que subsistió durante la Edad Media y el Renacimiento, ubicada en las costas orientales del mar Mediterráneo. Provincias del Imperio romanoadministradas por el emperador de Oriente, Sólido bizantino (s. IV al XI)Hyperpyron (s. XI-1453), Se denomina como Imperio bizantino o Bizancio a la parte oriental del Imperio romano que pervivió durante toda la Edad Media y el comienzo del Renacimiento. Justino II trató de seguir los pasos de su tío y su misma mente sucumbió bajo el intolerable peso de administrar un Imperio amenazado desde varios frentes. El final de las luchas iconoclastas supone una importante recuperación del Imperio, visible desde el reinado de Miguel III (842-867), último emperador de la dinastía Amoriana, y, sobre todo, durante los casi dos siglos (867-1056) en que Bizancio fue regido por la Dinastía Macedónica. ... quien ha recibido el poder soberano no debe vivir si se lo deja quitar. La historia de Bizancio se interpreta a menudo como símbolo del creciente abismo entre las culturas occidentales y orientales de la civilización humana. Durante el mandato del emperador Justiniano (527 a.C), el Imperio bizantino ocupaba partes de lo que hoy es África, Egipto, España, Italia, Turquía, Croacia, Asia Menor y otros territorios. La principal industria era la textil, basada en talleres de seda estatales, que empleaban a grandes cantidades de operarios. Entre uno y otro hubo en la historia de Bizancio muchos momentos de tensión, pues los intereses del Estado diferían a veces de los de la Iglesia. Durante su milenio de existencia, el Imperio fue un bastión del cristianismo, e impidió el avance del islam hacia Europa Occidental. El Imperio Bizantino duró desde el año 395 al 1261 d.C. y tuvo como capital a la antigua Bizancio, bautizada primero Nueva Roma y luego Constantinopla, en honor al emperador Constantino I. Hoy se la conoce como Estambul. El Imperio romano de Oriente o Imperio bizantino surgió como una solución política y administrativa para mantener el control de los territorios conquistados por los romanos. Por su situación geográfica, el Imperio bizantino fue un intermediario necesario entre Oriente y el Mediterráneo, al menos hasta el siglo VII, cuando el islam se apoderó de las provincias meridionales del Imperio. No obstante, otros monumentos de la época iniciaban ya el gusto bizantino, como Disco de Teodosio de Madrid que ostenta en bajorrelieve las figuras del emperador y su corte (393). Hacia el siglo IX, sin embargo, tras la pérdida de las provincias de Siria, Egipto y Palestina y la crisis de población del siglo VI, se cree que habitaban el Imperio alrededor de trece millones de personas en un territorio de 745 000 km². La necesidad de más financiación permitió que su odiado ministro de hacienda, Juan de Capadocia, impusiera mayores y nuevos impuestos a los ciudadanos de Bizancio.
2020 territorios del imperio bizantino