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Vientre y otros textos

de Malvado Colibrí

La soledad del payaso. Sería un título para alguna vez. Elocuente. El payaso es solo. Humillado y solo. Tan solo que necesita a veces a alguien al lado para que lo humille más todavía y de allí salga la risa. Y aquí aparece protocolar el payaso blanco, el petimetre de ceja en arco que disfruta cínico de su rol. O el jefe de pista. Humillador también como suelen ser los jefes. Los dueños del ingenio, de la picardía. Ingenioso y pícaro son las módicas formas de la razón que el poder suele permitir a los personajes populares. Solo a los otros, los elevados, los suyos, les reserva la inteligencia. Pero he aquí que a veces los payasos se juntan. Y ya se sabe: uno unidad, dos variedad, y tres multitud. Se juntan y hacen comunidad. Y colectivos se piensan. Y desafían lo establecido. Y hacen entonces algo más que rutinas (esas rutas chiquitas que condenan a los payasos al eterno retorno), hacen historias. Y pensándose en historias aparece aquella inteligencia negada. Y ya se sabe: inteligencia con humor es la fórmula formidable. Aquí la cadena virtuosa.

Este libro es el ejemplo perfecto: cuatro piezas teatrales para clown en las que la realidad, la nuestra, la de todos, se expresa tan profunda y graciosa como si no existiese otro género mejor para entendernos.

Con Marcos Arano y Gabriel Graves en los roles singulares de su dirección y dramaturgia, recomiendo estos cuatro textos del colectivo Malvado Colibrí.

Inteligentes. Y divertidos.

Mauricio Kartun

 

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