
Katherine Mansfield era fuera de serie. Nadie la ha sucedido y ningún crítico ha sido capaz de nombrar su calidad. (…). ¿Desde qué perspectiva contempla la vida, ahí sentada, con su terrible sensibilidad, mientras registra impresiones tan diversas? Es una escritora; una escritora nata. Todo lo que siente, oye y ve no es fragmentario ni desplazado; pertenece en conjunto a su escritura.
Pocos han sentido con mayor seriedad que ella la relevancia de escribir. Katherine Mansfield busca algo curioso y difícil, sometida a la desesperada presión de su enfermedad cada vez más grave. El rastro de su búsqueda aparece de forma esporádica, difícil de interpretar tras la claridad cristalina que se necesita para escribir con veracidad. “Nada valioso puede proceder de un ser desunido”, dice. Es imprescindible poseer salud interior.
Tras cinco años, y sin desespero, dejó de luchar por recuperar la salud de su cuerpo, porque creyó que su enfermedad era anímica, y que su curación no dependía de ningún tratamiento físico sino de una “hermandad espiritual” como la de Fontainebleau, el lugar en el que pasó los últimos meses de su vida. Antes de irse escribió el resumen de sus creencias, con el que concluyó su diario.
Virginia Woolf (The New York Herald Tribune, 1927)